Un eterno aprendiz

Ha pasado el campeonato panamericano, esta vez en Encarnación, Paraguay.
Un lugar muy bonito, pero sobre todo de gente amable y muy tranquila.

Esta carrera estaba dentro de mi lista de prioridades en la pretemporada, en la cual me había propuesto clasificar para poder estar no solo como Selección Colombia, sino disputando un top 10.

Revisando el pasado, puedo estar satisfecho porque superé un montón de pruebas a lo largo del camino. En enero no me encontraba con las mejores energías y, pese a ello, entrenaba.

En febrero empezaron las carreras y me di cuenta de que estaba muy fuerte, pero pronto, en el primer nacional, tuve una gripa que me alejó de disputar la carrera, esencial para la clasificación.

Pasado esto, pasé página y seguí entrenando. Aún me quedaba una oportunidad. En marzo pasé por una crisis de agobio debido a la alta exigencia propia, más en mi día a día que en el entrenamiento, lo cual me hizo fallar muchos días en la bici, algo que casi nunca sucede. Dejé que fuese así, descansé y salí de nuevo a competir.

Otra vez me sentí muy bien y, en el siguiente nacional, estuve en el tercer puesto, contento de poder rendir al nivel que sé que puedo dar.

No obstante, no clasifiqué. Eso fue otro golpe duro que me hizo dudar de nuevo. Así que me senté y planeé el viaje por mi cuenta, calculando todos los recursos necesarios. Busqué apoyos y, afortunadamente, los conseguí (hoy, de regreso, puedo decir que el dinero fue justo el necesario), algo que agradezco infinitamente a las personas que me ayudaron.

Las tres semanas previas entrené muy bien, me sentí fuerte, saqué sesiones clave y también recuperaba bien de ellas. Eso me daba la tranquilidad de ir a competir con mejor condición y preparación.

Volé y, de entrada, todo fue nuevo. Viajé solo, algo poco común para mí. Estuve solo la mayor parte del tiempo, lo cual tampoco es habitual. Pero me atreví a cosas que antes eran impensadas: darme gustos porque sí, conocer lugares o buscar a alguien para compartir y conversar. Eso me abrió la puerta a nuevas experiencias que nutrieron mi parte personal, sin duda.

Yo me sentía preparado y listo para darlo todo. En el short track no tuve una buena salida, pero me esforcé mucho y al final obtuve un puesto 19. Al principio no lo aceptaba, porque sabía que, de haberme ubicado mejor, habría gastado menos al inicio. Sin embargo, de camino a casa, rodando con unos corredores de Brasil, me relajé y pude reconocer que me había esforzado mucho, y eso ya era suficiente para estar tranquilo y pensar en el domingo.

Me encargué de recuperar bien, de comer bien y dormí lo suficiente. El sábado me sentía muy bien de energía, sin un cansancio grande, lo que me daba una mejor sensación para el domingo.

No obstante, creo que me perdí un poco en esa sensación. Aunque comí, luego me di cuenta de que quizá pude haber comido más; ya explicaré por qué.

El domingo me desperté después de dormir bastante y me preparé. La hora del desayuno se me corrió un poco y preferí comer menos para no llegar tan lleno; según yo, eso iba a ser mejor. Hice mi calentamiento con una energía poderosa, con alegría por estar ahí.

Salimos, me ubiqué, pero a los 2-3 minutos supe que iba muy fuerte, así que regulé el ritmo. De nuevo sentí que no podía sostener ese dolor, bajé otra vez el ritmo, y así varias veces hasta que me desesperé. Entré en un punto muy incómodo entre sufrimiento y dolor que no me permitía entender qué me pasaba. Llegaron pensamientos negativos que lo empeoraban.

Hasta que en un punto cedí, no para retirarme (aunque casi lo hago), sino para aceptar la situación. Me dije: “Bueno, al menos intenta montar la pista y hablarte bien”. Todo empezó a cambiar y, a un ritmo de supervivencia, empecé a fluir desde ahí. Me propuse ir vuelta a vuelta, esperando que me dejaran girar lo máximo posible, pues sabía que era muy probable que me sacaran.

Y así fue: una vuelta más, luego otra… hasta la quinta, donde ya me detuvieron.

La sensación fue, como mínimo, triste. Sin embargo, procuré darme ánimo y reconocer lo que había hecho.

Luego vino una tarea importante, de la que aún sigo aprendiendo. Para no alargar el relato, me puse a contabilizar cuántos carbohidratos había consumido el día anterior.

Es algo que había dejado de hacer porque me había peleado con esa parte de mí que quiere controlarlo todo, y me fui hacia un enfoque más flexible, asumiendo que ya lo sabía.

Pero al hacer ese conteo, me di cuenta de que había comido menos de lo necesario y que quizá me faltó recargar sodio para las condiciones de calor.

El domingo ya estaba en déficit, y lo confirmé porque una hora antes de correr sentí hambre, algo inusual en mí. Entonces entendí que los días previos también había cargado poco. Uno de esos errores básicos que se cometen, pero que mi experiencia como ciclista de muchos años no me permitió ver.

Duele, porque claramente pagué caro ese error. Pero lo que quise escribir con esto, además de desahogarme, es evidenciar que siempre estamos siendo aprendices.

La humildad radica en esa curiosidad por aprender: observar, cuantificar, probar constantemente, preguntar e incluso pedir ayuda cuando hay dudas.

Seguramente, parte del aprendizaje es que no puedo pelearme con esa parte de mí que quiere entender los gramos y los números, especialmente para una carrera. No para que todo sea perfecto, sino porque me da seguridad y me permite tener equilibrio.

Durante estos meses intenté no hacerlo, y eso me llevó a cometer errores. No está mal equivocarse, pero en lo posible hay que evitar los errores no forzados, esos que ya cometimos y de los que ya aprendimos.

Además, no se trata de compararme con otros corredores, sino de entender qué me funciona a mí, qué me da tranquilidad. Y sí, me gusta saber de esto.

Así que, después de todo, busqué ayuda, pregunté y encontré respuestas.

Espero no tener que repetir este error. No vale la pena, porque la competencia es el momento donde muestras todo lo que preparaste (primero a ti mismo y luego al público). Sentirte competitivo y admirado también es bonito. Solo se trata de no irse a los extremos.

Y para cerrar: si mantenemos esa curiosidad constante por aprender, preguntar e indagar, seguramente enriqueceremos nuestra profesión y nuestra personalidad. También implica tener el carácter de preguntarnos: ¿esto me hace bien? ¿realmente quiero probar esto?

Así, en lugar de temer al futuro incierto o quedarnos en el pasado, podemos avanzar con confianza en nosotros mismos, con una pequeña ventana siempre abierta al cambio.

¿Te pasa?
¿En qué ámbitos sueles sabotearte?

Estas preguntas hacen parte de mi trabajo: indagar, a través del entrenamiento, en esos momentos donde el atleta se pone obstáculos a sí mismo, para ayudarle a salir de ahí y demostrarle, a través de él mismo, que puede alcanzar logros que antes parecían imposibles.

Contacto

¿Listo para tu mejor versión?


    Al enviar este formulario, declaras haber leído y aceptado nuestra Política de Tratamiento de Datos Personales.


    ENTRENAMIENTO DE ALTO RENDIMIENTO.

    Conquista el asfalto y la montaña con planes personalizados de Ciclismo, Running y Nutrición Deportiva diseñados con base científica para superar tus límites.

    © 2026 Creado por VIKING – Acompañamiento Deportivo.