¿Cuándo no tengo la suficiente motivación para entrenar a qué me aferro (A UN PROPÓSITO)?

Hola amigos! Hoy quiero contarles algo que me ocurrió hace unas semanas, y que de cierta manera me afectó bastante a nivel emociona; suscitándome varias cuestiones y planteamientos del porqué de algunas de mis rutinas con el entrenamiento deportivo. Quiero exponerlo, ya que por estos días, he encontrado un patrón común con mis atletas por la falta de continuidad e interferencia con el entrenamiento. Espero les pueda brindar alguna herramienta desde mi experiencia para que encuentren su propósito y nunca dejen de entrenar 🙂

 

Llevo entrenado más de 9 años, y desde entonces, como cualquier persona que se desenvuelve en algún campo de acción, he pasado por momentos de incertidumbre, baja confianza, pereza, pérdida de interés por eso que hago (entrenar), etc., llevándome en determinados momentos del proceso a pensar o plantearme la posibilidad de no seguir entrenando o cumpliendo con el plan de trabajo que me programaba mi entrenador. Dichas situaciones se potencializaban o cobraban mayor fuerza, si aparte de ello no tenía carreras cercanas, metas claras, motivación externa o interna.

 

Teniendo claro el contexto, quiero comentarles que el mes pasado, por un exceso de trabajo a nivel académico y de proyectos, mi energía y motivación por seguir entrenando empezó a desaparecer paulatinamente. Me levantaba y el mero hecho de pensar en que tenía que entrenar ya me generaba “ansiedad y estrés”. Así que empecé a preguntarme: ¿por qué entreno?, ¿para qué salgo todos los días a montar bici o trotar?, ¿acaso vivo de esto?, ¿le rindo cuentas a alguien si no entreno? Esta y otras preguntas me rondaron por varios días hasta que me iluminé y declaré: “No va a pasar absolutamente nada si no salgo”, o capo clase; pues esto lo hago, y aquí di con la respuesta a mis cuestionamientos, PORQUE me gusta cuidar de mi CUERPO y SENTIRME FUERTE, y que mejor para ello que el entrenamiento. Es decir, no tenía ningún argumento de carácter externo que me obligara a cumplir con el entrenamiento; simplemente lo hacía porque en el fondo había algo más poderoso y significativo (cuidar de mi cuerpo), que el mero hecho de cumplir un plan o prepararme para las carrera, que obviamente, también me interesa, pero no es el fin último.

 

Así que para la próxima, cuando te invadan pensamientos limitantes y te veas en un callejón sin salido con el entrenamiento deportivo (salir a entrenar), te invito a que te detengas un momento y te permitas explorar y contemplar un contexto-marco más profundo e integrador, que te abra el espectro del por qué y para qué entrenas, pero saliéndote de lo básico (para correr, para ganar, para mejorar tiempo, para prender a la grupeta, etc.), y verás que un propósito está esperándote para continuar con el proceso y darle un significado más genuino y natural a tu entrenamiento; como lo puede ser, entrenar para regalarte cada día un espacio que te permita estar en sintonía y conectado con tus pensamientos; cuidar de tu cuerpo, conocerte desde el movimiento, agradecer por la oportunidad de montar en bici o trotar, sacar tu loco interior y expresarlo en cada zancada o pedala o, simplemente, cuidar de tu cuerpo desde el movimiento (como lo es el mío).

 

Recuerda: no siempre tendremos motivación y energía para seguir con el plan, pero si tenemos un propósito claro y definido, nunca nos fallaremos, y por ende, siempre entrenaremos

 

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