Hace aproximadamente siete años, mi salud me hizo detenerme y prestar atención a algo que no podía seguir ignorando: mi sobrepeso.
Tenía los triglicéridos elevados, el azúcar por encima de los valores normales y, para completar, recibí un diagnóstico de hipotiroidismo, una condición que me acompañará toda la vida. La recomendación médica fue clara: debía cuidarme, mejorar mis hábitos y empezar a hacer ejercicio.
Fue entonces cuando tomé una decisión que terminaría cambiando mi vida: empezar a montar bicicleta.
Al principio, mi objetivo era sencillo: recuperar mi salud y sentirme mejor. Con el tiempo, comencé a notar los cambios. Mis niveles de triglicéridos y azúcar empezaron a normalizarse, mientras que el tratamiento médico me ayudó a mantener controlado el hipotiroidismo y a llevar una vida más saludable.
Pero algo más estaba ocurriendo: cada vez me apasionaba más el ciclismo.
Lo que comenzó como una recomendación médica se convirtió poco a poco en una pasión. Empecé a asistir a carreras, a conocer el ambiente competitivo y a descubrir todo lo que había detrás de este deporte.
Sin embargo, con el paso del tiempo entendí algo fundamental: montar bicicleta no es lo mismo que entrenar.
Si quería mejorar, competir en mejores condiciones y luchar por resultados importantes, necesitaba algo más que salir a pedalear. Necesitaba una planificación estructurada, objetivos claros y un entrenamiento adaptado a mis capacidades, mis necesidades y mi realidad.
Fue en ese momento cuando empecé a entrenar con Hilvar, buscando darle una dirección más específica a mi proceso deportivo.
Uno de los mayores retos era encontrar el equilibrio entre el trabajo y el deporte. Mi jornada laboral comienza después de las 10 de la mañana, así que organizamos los entrenamientos para aprovechar las primeras horas del día.
Acordamos entrenar durante dos horas en la mañana, un espacio que me permite trabajar por mis objetivos deportivos sin descuidar mis responsabilidades laborales.
Porque progresar no significa tener todo el día disponible para entrenar. Significa aprender a aprovechar el tiempo, mantener la constancia y contar con una planificación que se adapte a la vida real.
Actualmente, con 62 kilogramos de peso, me encuentro disputando podios en la Copa Departamental y la Copa Nacional de Cross Country.
Cuando miro hacia atrás, recuerdo que todo comenzó por una necesidad de salud. Nunca imaginé que aquella decisión de empezar a montar bicicleta me llevaría a descubrir una pasión tan grande y a competir por resultados que antes parecían lejanos.
Mi historia no se trata solamente de kilómetros, carreras o posiciones en una clasificación. Se trata de entender que siempre podemos tomar decisiones para cambiar nuestro rumbo, que la salud puede ser el comienzo de una nueva pasión y que, con disciplina, acompañamiento y perseverancia, podemos llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.
Hoy sigo trabajando por mis objetivos, aprendiendo y buscando nuevas oportunidades para mejorar. El camino continúa, y cada entrenamiento representa una oportunidad para crecer como deportista y como persona.
Si algo he aprendido durante estos siete años es que nunca es tarde para empezar, pero sí es importante darle dirección a lo que hacemos.
Mi historia comenzó buscando salud. Hoy, esa misma decisión me permite soñar con nuevos podios.
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