Del Mountain Bike al Trail running

Esta es la historia de Javier Torres, uno de nuestros deportistas que lleva más años en nuestras manos y que ahora también hace parte de nuestro equipo de trabajo. 

Disfruta de éste relato sincero…

Hay momentos en los que uno cree que está avanzando, pero con el tiempo se da cuenta de que también estaba aprendiendo a escucharse.

Mi regreso al ciclismo después de una fractura fue así.

La rehabilitación no fue perfecta. Probablemente me faltaron algunas sesiones y, pocos meses después de la fractura, llegó uno de los mayores logros que había conseguido hasta ese momento: el Campeonato Panamericano. La ilusión de competir y todo lo que significaba ese resultado hicieron que, de alguna manera, dejara en segundo plano algunas cosas que todavía necesitaban atención.

La mano podía soportar la carga en ese momento, pero creo que el cuerpo tiene memoria. Más adelante, esa rehabilitación incompleta terminó pasándome factura.

Después vino una etapa complicada. Empecé a sentirme muy cansado, muy fatigado. La universidad, las carreras, los entrenamientos y todo lo que estaba pasando en mi vida se fueron acumulando. Algunas cosas no salieron como esperaba y en algunas carreras tampoco conseguía estar donde quería.

Llegó un momento en el que volví a sentirme bien, pero había algo que seguía ahí: la muñeca. Después de entrenar quedaba cada vez más resentida.

Entonces tomé una decisión que en ese momento no fue fácil: no correr el Campeonato Nacional. No quería hacerme más daño ni correr el riesgo de agravar la lesión, afectar el tornillo o terminar empeorando una situación que ya venía arrastrando.

A partir de ahí, simplemente entrené.

Pero llegó un punto en el que me sentía completamente saturado de la bicicleta. Llevaba muchos años encima de ella y, sumado a todo lo que estaba viviendo, sentía que necesitaba parar.

Y entonces apareció el trail running.

Correr siempre me había gustado y, siendo todavía joven, pensaba que en algún momento quería probarlo en serio. Así que decidí cambiar de rumbo.

Ahora, mirando hacia atrás, creo que también cometí un error: me presioné demasiado por empezar a correr cuanto antes. Quizá necesitaba una adaptación mucho más progresiva, ganar fuerza, caminar más y preparar mejor el cuerpo antes de empezar a acumular kilómetros corriendo.

Las molestias aparecieron.

Aun así, terminé corriendo dos carreras a final de año. En las dos estuve adelante y los resultados fueron buenos, pero una de ellas volvió a dejarme molestias en la rodilla.

Eso hizo que este año empezara con mucha más calma.

Primero me empezó a doler de nuevo la rodilla. Después apareció alguna molestia en el pie y luego en la cadera. Empecé a sentir que no tenía muy claro hacia dónde iba. Y, además, me hacían falta las competencias.

Fue entonces cuando volvió a aparecer en mi cabeza un objetivo que todavía tenía pendiente: conseguir una medalla nacional.

La bicicleta, además, nunca había dejado de gustarme realmente.

Así que decidí volver.

Y llegó el Nacional.

No conseguí la medalla que estaba buscando.

Pero, curiosamente, lo que más satisfacción me dio no fue solamente el resultado. Fue todo el proceso que hubo detrás. Las decisiones que tomé, la paciencia que tuve, volver a confiar en mi cuerpo y, sobre todo, volver a disfrutar de competir.

Después de todo ese recorrido, siento que necesitaba pasar por cada una de esas etapas para entender algo que antes quizá no tenía tan claro: no siempre avanzar significa hacer más.

A veces avanzar significa parar.

Significa aceptar que necesitas cambiar de camino. Significa volver a empezar, incluso cuando ya llevas muchos años construyendo algo.

Ahora estoy otra vez en un punto de transición. El Nacional marcó un cierre, pero también abrió una nueva pregunta: ¿hacia dónde quiero apuntar ahora?

Todavía no tengo completamente definida la respuesta.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, siento que no necesito tenerla inmediatamente.

Después de todo lo que ha pasado, quizá lo más importante no sea saber exactamente cuál será el próximo objetivo, sino volver a disfrutar el camino mientras lo descubro.

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